"El sida no va a desaparecer"
El máximo responsable de la agencia de la ONU para la lucha contra el virus no ve cerca el final de la epidemia y califica de "inaceptable" que el año pasado se produjeran 4,1 millones de nuevas infecciones.
TEXTO: FERMÍN AZPETEGUÍA
Peter Piot conoce bien el SIDA. Después de algo más de una década al frente de la Agencia de Naciones Unidas que lucha contra la epidemia. ha visto casi de todo. Prostitutas en India que sufrieron palizas y mutilaciones por haber contraído la infección, niños que se consumían en África por falta de medicamentos, amigos suyos en Bruselas devorados por la enfermedad... Han transcurrido 25 años desde que se descubrieron los primeros casos y desde entonces, según reconoce el director ejecutivo de ONUSIDA, la respuesta dada por la comunidad internacional sigue siendo insuficiente.
El Virus de al Inmunodeficiencia Humana (VIH) no para de matar. En el tiempo invertido en leer el párrafo anterior, la enfermedad ya se ha cobrado tres vidas más. No, ya son cuatro. Este microbiólogo de Lovaina de 57 años, codescubridor del virus del Ébola en Zaire en 1976, considera que el compromiso para detener la masacre debe ser mayor.
La cifra de personas que viven con SIDA se ha duplicado desde 1995, cuando usted accedió a la direcciónd e ONUSIDA. ¿Ha fallado la respuesta a la enfermedad? Efectivamente el SIDA ha tenido un efecto devastador en el mundo y es inaceptable que el año pasado hubiera 4,1 millones de infecciones nuevas. Pero hemos dado pasos significativos, especialmente en los cinco últimos años.
¿A qué pasos se refiere?
Gracias a una efectiva prevención del VIH y al acceso al tratamiento hemos conseguido salvar vidas cada vez en más países, incluidos algunos de los más pobres. El compromiso político y el liderazgo en el tema del SIDA son ahora mayores que nunca. Y los fondos para la lucha contra la infección han pasado de millones a representar miles de millones en sólo una década. Todavía puede hacerse más. Lo sabemos y estamos esforzándonos por escalar urgentemente más peldaños.
Ya son 25 años, 25 millones de muertos y 40 millones de infectados. ¿Qué queda por ver?
La epidemia del SIDA ha estado con nosotros durante 25 años y no va a desaparecer de nuestras vidas. El final no está a la vista. Necesitamos empezar a pensar en términos de décadas y generaciones de SIDA. Piense en la gente que ha empezado a recibir terapia antirretroviral. De aquí a 30 o 40 años todavía necesitarán tratamiento. Tenemos que ver cómo va a funcionar, quién lo va a pagar y cómo se puede mantener.
¿La actual no es ya una situación de emergencia? Con 7.000 personas que mueren cada día, por supuesto que hablamos de un crisis sin parangón. Pero debemos diseñar acciones de emergencia y establecer una respuesta que sea sostenible a largo plazo. No podemos tomar uina perspectiva de cinco o diez años vista, sino de 20, 25 o más.
Un gel vaginal para proteger a las mujeres podría ser una herramienta muy eficaz en los países pobres. Los microbicidas, que son casi como un preservativo químico, son la mayor esperanza que tenemos como herramienta de prevención. Fíjese: si fueran efectivos en un 60% y sólo los utilizaran de forma regular un 20% de las mujeres residentes en los países más castigados, podríamos evitar cientos de miles de nuevas infecciones en tres años.
¿Y sería posible desarrollar un microbicida viable? Así es. La industria estima que en cinco o diez años habrá un producto efectivo disponible en el mercado mundial. Hoy en día resulta básico no sólo acelerar y mantener la innovación en el desarrollo de microbicidas sino asegurar el acceso universal.
Los expertos coinciden en que la lucha contra el SIDA requiere un revolución social. Dicen que no basta con reducir el precio de los medicamentos, sino que han de garantizarse los derechos de las mujeres, de la infancia, mejorarse sistemas sanitarios y de comunicaciones... El SIDA debería ser considerado como una de las cuestiones prioritarias de nuestro tiempo, junto con otros asuntos como el cambio climático. Por eso la respuesta que necesita ha de ser excepcional. Hay que intervenir de una manera más consensuada en los`pilares de la epidemia, como son la desigualdad sexual, el estigma y la discriminación, la homofobia y la pobreza extrema. Si no lo hacemos, nunca seremos capaces de avanzar hacia la respuesta.
¿Tiene sentido hablar de una vacuna? Estamos todavía muy lejos de encontrar una. Y debemos subrayar que una futura vacuna contra el VIH no será una bala mágica capaz de erradicar el virus sin dañar otras partes del organismo.
¿Qué conviene esperar? Una esperanza realista para el fin de la epidemia consiste en pensar en campañas de vacunación, combinadas con las medidas de prevención conocidas para evitar la infección por vía sexual y entre los usuarios de drogas inyectables. A corto plazo, si queremos librarnos de la enfermedad, cada país deberá hacer su propio esfuerzo en prevención.
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