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Dar vida a madres e hijos

Ruth Hambulo es comadrona en una zona rural de Zambia. Su trabajo le permite estar en contacto con muchos enfermos de VIH-SIDA y fomentar una mayor conciencia para evitar la expansión de una enfermedad en un país en el que una de cada cinco personas es seropositiva.

TEXTO: SUSAN HAVEMAN

Zambia es un país tan verde que en la época de lluvias los efectos del agua resultan imperceptibles en la carretera que une la capital, Lusaka, a la ciudad de Kabwe. Muchas personas caminan por el lateral de la ruta asfaltada, guiando a bueyes que arrastran sin prisas carros de madera y miran de reojo a los coches que de vez en cuando se acercan peligrosamente. Ya desviándose de la carretera, los caminos entre pueblos y aldeas resultan menos transitables en esa época. Durante las fuertes lluvias los ríos se desbordan. no hay puentes, y es difícil acceder a las muchas chozas que se encuentran a varios kilómetros de las carreteras de asfalto.

En una de esas chozas de barro, en la aldea de Mukalashi, vive Ruth Hambulo con su marido, cinco de sus siete hijos y cuatro nietos. "Nos casamos en 1968. Nos conocimos cuando empecé a trabajar como maestra; él es también maestro de escuela. Lo vi y fue un flechazo. Aquí es frecuente que lo matrimonios estén arreglados por los padres, pero nosotros nos elegimos el uno al otro. Tenemos una buena vida juntos", comenta.

Ruth divide su tiempo entre las tareas del campo y als del hogar. Pero su principal trabajo es el de comadrona. Según ella es un empleo muy hermoso, aunque no carente de inconvenientes. Sin un vehículo todoterreno es durísimo acudir a un parto, pero Ruth dice que no le importa: "Da igual que esté diluviando. En cuanto me entero de que una parturienta ha empezado con als contracciones, dejo lo que estoy haciendo y acudo a su lado". Ya ha perdido la cuenta de los partos a los que ha asistido en todos estos años: "Mi madre lo hacía, y a mi siempre me pareció muy bonito".

Cada mes recibe en su casa a las embarazadas de Mukalashi. La primera vez que acuden Ruth le pide que se sometan a la prueba del VIH-SIDA, epidemia que se ha extendido de forma exponencial. Se calcula que en 2001, el SIDA acabó con la vida de unos 120.000 zambianos: toda una generación corre el riesgo de desaparecer. Uno de cada cinco zambianos es seropositivo.

"Durante mucho tiempo ocurrieron cosas muy extrañas. Las personas adelgazaban muchísimo y enfermaban. Creíamos que estaban embrujados. Luego nos enteramos de que existía el SIDA y nos dimos cuenta de que ésa era la causa".

La epidemia del SIDA ha transformado el trabajo de las comadronas. "Puedo sospechar que padecen el virus, pero hasta que no enferman no hay forma de estar segura. Por eso ahora cuando asistimos a partos siempre llevamos guantes. También se ha cambiado la forma de dar a luz. Antes lo ahcían en cuclillas, pero los recién nacidos pasaban mucho tiempo en el suelo, en medio de la sangre. Hoy en día las mujeres se tumban para dar a luz, limpiamos al recién nacido inmediatamente y lo colocamos sobre el pecho de la madre."

Si la madre es seropositiva, el bebé tiene un 33% de probabilidades de serlo también. Las posibilidades reales de infección dependen de varios factores, como por ejemplo que la madre sufra desgarros durante el parto. La transmisión del virus también puede producirse a través de la lactancia. "Alimentar con el biberón está muy bien, pero siempre que no falten y hayan tetinas limpias, además de agua sin gérmenes y dinero para comprar la leche adecuada. Si no, el niño enfermará. Pero las mujeres de aquí no tienen ninguna de estas cosas".

Ruth tiene miles de anécdotas que contar sobre sus partos. "Acababa de terminar mi formación cuando tuve que acudir a asistir a una mujer que estaba a punto de dar a luz a su quinto hijo", recuerda, "Pero nos asustamos mucho al ver que primero salía la placenta. Le dije a gritos a su marido que tenía que b uscar la manera de llevarla a la clínica, y al final nos la llevamos en un carro de madera". Luego cuenta cómo hace un par de semanas asistió a una primeriza:"El niño no quería salir, tal vez la pelvis de la madre era demasiado estrecha. Hubo que intervenir quirúrgicamente". En ese momento Ruth esboza una sonrisa radiante. "¡Asistir a un parto es siempre algo tan especial, es como si tú misma dieras a luz!", dice.

Tiene 6 nietos y tienen una relación especial con ella. "Hablamos de todo. Les digo que tienen que alimentarse bien, que deben esforzarse en el colegio, que han de respetar a sus padres y sus profesores, y les cuento todo lo que sé sobre el VIH- SIDA".

Esto podría ser sorprendente ya que en la mayoría de los países africanos el SIDA es un tema tabú. Pero no es el caso de Zambia. En cada esquina de la capital, Lusaka, hay carteles que animan a los ciudadanos a someterse a las pruebas del SIDA. También advierten que mantener relaciones sexuales con chicas jóvenes no es ninguna garantía contra esa enfermedad. En casi todos los colegios hay "clubes anti-SIDA", donde chicos y chicas obtienen información sobre el VIH; los alumnos a su vez transmiten esta información a sus familiares y compañeros de clase.

Ruth no tiene ningún inconveniente en hablar de todo esto con sus nietas. Ella lo considera parte de su trabajo, una manera de proteger a su familia y a las mujeres a las que asiste. "Tenemos que hablar sin tapujos, no hay otra solución. Cuando hablamos de SIDA, tenemos que hacerlo también con nuestra familia política, nuestros padres, nuestros hijos... Aquí no cabe la vergüenza. Es la única manera. De lo contrario jamás venceremos a esta enfermedad".  



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